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domingo, 5 de mayo de 2019

EL NACIMIENTO DE ROMA (III)


Y es que... en todo este tiempo, ¿qué ha pasado con los Etruscos? ¿Es que nadie piensa en los Etruscos?

               Los etruscos llevaban un par de siglos ocupando la zona norte de Italia, repartidos entre las regiones de Toscana y Umbría hasta el Lacio y la Campania (dónde tendrían más que palabras con los colonos griegos del sur de Italia), y también el valle del Po, en el norte, desde la Lombardía al sur del Véneto. La verdad es que los etruscos han sido siempre un pueblo bastante misterioso, enigmáticos como la famosa "sonrisa etrusca" que dejaron plasmada en sus esculturas, y que viene siendo la cara de "sí, me estoy riendo porque sé cosas que tú no sabes...". Y es verdad, seguimos sin saber muy bien de qué se reían. Pero tampoco tenemos muy claro como se gobernaban, si era un imperio o ciudades-estado, y otro montón de cosas, que además no tiene pinta de que vayamos a averiguar pronto, ya que el gran problema es que no entendemos sus escritos. Y es que aunque utilizaban letras similares a las del alfabeto griego y podemos leer etrusco, no tenemos ni puñetera idea de qué significa lo que dicen.

Este es el Sarcófago de los Esposos, una de las obras más conocidas del arte Etrusco, y sí, miradles... se ríen. ¿De qué? A saber, pero oye, se lo debían pasar teta. 

               Pero allí estaban, y en su frontera sur, Roma empezaba a despuntar entre el resto de las ciudades del Lacio. Para conocer la guerra entre Roma y Etruria tenemos dos fuentes principales, y es muy gracioso, porque cada una cuenta cosas diferentes. Como si fueran mundos paralelos y en cada uno hubiera pasado una cosa distinta, así que no tenemos muy claro qué es lo que paso en realidad, aunque el final quedó cristalino para todo el mundo. En fin, es como si Han Solo disparó primero o no al cazarrecompensas, el caso es que al final este estaba muerto. Nuestras dos fuentes principales sobre este tema son los historiadores romanos Tito Livio y Plutarco, y es que a los romanos les molaba mucho lo de estudiarse a sí mismos. El primero era un fan de la República que vivió en los tiempos del inicio del Imperio, cerca del entorno del Octavio, Tiberio, Calígula, Claudio y Nerón. Y sobrevivir a toda la dinastía julio-claudia tiene su mérito. Plutarco, en cambio, era griego de origen, estudió en la Academia de Atenas y sólo llegó a ser considerado romano en tiempos de Trajano. ¿Y qué nos cuenta cada uno de ellos?

               El comienzo de la fiesta es igual en ambos, Rómulo tomó la ciudad de Medullia, lo que hizo que a los Etruscos se les encogiera un poco el escroto, y que el ejército de la ciudad de Fidenas decidieran que había llegado el momento de poner orden. Según Livio, los Fidenates entraron en tierras romanas, estableciendo allí un campamento, lo que hizo que Rómulo se pusiera en movimiento (ya sabemos cómo llevaba el rey que le pisaran lo fregao) y tendiera una emboscada a los Fidenates, atacando la ciudad, pero dejando parte de su ejército en retaguardia escondido en un bosque para poder destrozar a los etruscos a su antojo cuando salieran a perseguirles. El truco de Rómulo funcionó, y los romanos consiguieron tomar Fidenas. Pero si los etruscos estaban un poco tensos, la caída de Fidenas en manos romanas  terminó de descolocarles vivos, y desde la capital etrusca, Veyes, salió un ejército para hacer frente a Rómulo. El ejército etrusco entró en tierras romanas, saqueándolas y llevándose el botín al norte. Rómulo echó a seguirles, cruzando el Tíber hasta entrar en territorio etrusco, y luchando finalmente contra los Veyentinos y derrotándoles, y aunque no llegó a tomar Veyes, si que se ensañó en las tierras cercanas, lo que hizo que temerosos los etruscos firmaran un acuerdo de paz con Rómulo.

               La historia con Plutarco cambia un poco. Para empezar, después de la caída de Medullia, fueron los romanos los que lanzaron expediciones hacia el norte, hacia Fidenas, hasta que tomaron la ciudad. Al igual que con Livio, Plutarco nos dice que tras la toma de Fidenas los Veyentinos se sintieron amenazados y marcharon a la guerra, pero en este caso, los etruscos se dividieron en dos grupos. Uno se dirigió a Fidenas para recuperar la ciudad, mientras otro seguía a Rómulo, que aún debía andar haciendo el romano por las tierras de Etruria. Los Veyentinos tomaron Findenas, pero Rómulo derrotó a los que le habían seguido, de modo que unos y otros se encontraron de nuevo cerca de Fidenas, donde Rómulo terminó de darles matarile y comenzó a dirigirse hacia Veyes. El final es el mismo que en el caso de Livio: acojonados, los Veyentinos firmaron la paz con Roma.

               ¿Y a cuál de los dos nos debemos creer? Pues... de decantarme por uno, yo lo voy a hacer por Plutarco, por dos cosas: primero porque es parte no interesada (relativamente, claro). Y segundo, porque se evita todo el esfuerzo que hace Tito Livio (historiador de cámara de los primeros emperadores romanos, no lo olvidemos) en situar siempre los motivos de la guerra ajenos a Roma. Es decir, Roma reacciona ante las agresiones de los Etruscos, lo que da una muy esforzada legitimidad a la historia del conflicto entre Roma y Etruria.      

Esta es la visión del pintor francés Jean Baptiste Nattier sobre cómo Marte se llevaba a su hijo al Olimpo para que Júpiter lo convirtiera en un dios... 


               Al parecer, Rómulo estaba hecho todo un campeón, había conseguido fundar una ciudad de la nada, había vencido a los latinos y los etruscos... y todo esto se le estaba subiendo un poco a la cabeza. Y además, al ancianete Numitor le llegó su hora, así que Rómulo se convirtió también en rey de Alba Longa. Así que se marchó para allá, que al fin y al cabo Roma era un extrarradio y Alba Longa era la ciudad potente, pero como quien mucho abarca poco aprieta, parece que el gobierno de Rómulo se fue haciendo cada vez más despótico y al tiempo más torpe, sin terminar de estar en un sitio o en otro, quitando atribuciones al senado, haciendo que los patricios se sintieran incómodos... Así que un día, mientras pasaba revista al ejército, en Julio del 716 a.C,  llegaron los dioses y se lo llevaron al cielo durante una tormenta. Los senadores decidieron que Rómulo se había convertido en un dios, y con el nombre de Quirino, le construyeron un templo en otro monte cercano, que llevaría el nombre de Quirinal.

               Ya, lo de los dioses no resulta muy creíble, y de hecho, lo que se piensa es que los propios senadores se lo cargaron y ocultaron su cuerpo en algún sitio, justificando la desaparición del cuerpo con el tema divino. Como no tenemos muy claro si Rómulo existió o no, lo que sí que podemos tener claro de todo esto es que entre el año 753 y el 716 aproximadamente, Roma fue surgiendo como centro de poder entre los latinos y los pueblos del Lacio, y de ser una simple aldea, terminó pudiendo plantar cara al poder más fuerte que existía en aquellos momentos en lo que sería Italia, o sea, a los Etruscos.  Durante un año más o menos, los senadores decidieron que Roma podía vivir sin un rey, así que se fueron turnando en el cargo, a semana por senador más o menos, pero evidentemente no parece una forma de gobierno muy efectiva, y terminaron eligiendo un nuevo rey (sí, monarquía electiva, como los pueblos germánicos en sus primeros tiempos), que sería Numa Pompilio... del que ya hablaremos.

              

domingo, 28 de abril de 2019

EL NACIMIENTO DE ROMA (II)


Dejamos a Numitor establecido de nuevo como rey en Alba Longa, pero a sus nietos, Rómulo y Remo, les había picado el gusanillo del gobierno, así que para no luchar contra su abuelo y derrocarle, que total para eso se habían ahorrado el volver a entronizarle, se marcharon de Alba Longa para construir su propia ciudad allí donde el río Tíber les había llevado y la Loba (o el pastor y su esposa) les había encontrado, un pantano situado entre los montes Palatino y Capitolio. Rómulo decidió fundar Roma en el monte Palatino, pero Remo quería fundar su ciudad, Remoria, en el cercano monte Aventino. Pero ambos eran conscientes de que no podían fundar dos ciudades tan cercanas, y en este caso, la ley de primogenitura no podía aplicarse, ya que eran gemelos. En lugar de jugárselo a los chinos, decidieron recurrir al avistamiento de pájaros, que hoy en día es una cosa como muy friki de fin de semana campestre, pero entonces era algo muy serio, ya que se utilizaba para vaticinar el futuro, pero que se lo tomaban en serio, no en plan Mi Queridísimo Piscis. Rómulo ganó el concurso, y Remo se encabronó. Si esto hubiera sido la historia de Argos, en este momento Remo se hubiera marchado de allí, siguiendo el vuelo de un águila solitaria, hubiera cruzado algún mar acompañado probablemente por Hércules y otros amigos, y después de atravesar jardines llenos de plantas devoradoras de hombres, conocer hermosas ninfas que querían convertirles en fuentes y derrotar a un basilisco, descubrirían un nuevo lugar donde establecer su Remoria, con el beneplácito de Marte, que hubiera dejado allí unas botas, un escudo y una corona para su heredero, inspirado en algún momento por la Sibila de Cumas. Por ejemplo. Pero esto es Roma, y aquí, muy serio, Rómulo comenzó a trazar el perímetro de su ciudad, algo sagrado para la cultura romana, y prohibió que nadie entrara en la ciudad mientras él trazaba esa línea. Remo se puso en plan "y si entro qué", y entró. Y claro, a Rómulo no le quedó más remedio que matarlo. Y lo mató.

Rubens imaginó así el encuentro entre Marte y Rea Silvia. El padre tenía todo un carácter, y claro, así le salieron de respondones los críos... 

               Así que en resumen, la historia fundacional de Roma está marcada por una violación, un asesinato y un fratricidio. Pero todo muy serio y muy romano. Como arranque no está mal. En fin, seguimos, que ya tenemos a Roma fundada, con Rómulo como rey. No tardarían mucho en comenzar a llegar aspirantes a ciudadanos, procedentes de otras ciudades latinas, y de entre ellos, Rómulo nombró a los primeros cien patres, con los que daría origen a los patricios y al Senado de Roma, que en principio sería un cuerpo legislativo de apoyo al rey. Roma ya estaba preparada para echar a andar, pero un día, los romanos se dieron cuenta de que les faltaba algo.

               Mujeres.

               Y sin mujeres, Roma no iba a durar mucho, no habría romanitos nuevos. Los refugiados romanos eran sobre todo hombres, y esto no era la historia de Argos, donde hubieran podido recoger mujeres sembradas en un campo con dientes de hidra, por ejemplo. Era Roma, había que cometer otro delito.

               Rómulo convocó unos juegos dedicados a Neptuno en el cercano monte Quirinal, y allí invitaron a muchos representantes de otros pueblos latinos, como los Sabinos, y estos acudieron a los juegos con sus hijas y sus mujeres. Y a una señal de Rómulo, los romanos tomaron a las mujeres de sus invitados, las secuestraron y expulsaron a sus familiares de Roma, diciendo luego que habían violado su hospitalidad (tócate los cojones). Los primeros días de las Sabinas (pertenecían a muchos pueblos, pero vamos a dejarlo así por aquello de la tradición) debían estar a la gresca, pero Rómulo consiguió aplacarlas, y poco a poco comenzaron los matrimonios entre los romanos y las sabinas. Ahora, fuera de Roma, se estaba armando gorda. Los latinos estaban que se subían por las paredes, y debido a que algunos consideraban que los sabinos estaban teniendo demasiada pachorra para la venganza, comenzaron a lanzarse uno tras otro sobre Roma. Pero fueron los latinos los que se llevaron ostias a mano abierta, de modo que se desarmaron a ciudades cercanas: Caenina, Antemna, Crustumno, Fidenas... Por fin los Sabinos vieron que se les estaban comiendo la tostada, y al mando del general Tito Tacio, se dirigieron hacia Roma.

Una escena del rapto de las Sabinas, obra de Jacques Louis David. El tío la historia de la guerra la llevaba regular, con aquello de mandar a la peña en pelotas a darse cuchilladas, pero ahora... de culos en primer plano controlaba un montón...

               Y esto ya era otra película, los sabinos estaban mejor preparados que sus vecinos, y no sólo consiguieron llegar a Roma, sino que pusieron cerco al Monte Capitolino. Una romana, Tarpeya, que vio la oportunidad de hacerse rica en manos de los sabinos, llegó a un acuerdo con estos, comprometiéndose a permitirles entrar en la fortaleza del Monte Capitolino, a cambio de que los sabinos le dieran "lo que llevaban en las manos", refiriéndose a sus brazaletes. Los sabinos tomaron la fortaleza, y así dominaron el Monte Capitolino, dejando a los romanos en el Palatino, y convirtiendo el valle que había entre ambas en un campo de batalla. Por cierto, a Tito Tacio lo de la traición de Tarpeya le sentó a cuerno quemado, aunque había sido en su favor, y lo que hicieron fue aplastarla con lo que llevaban en las manos... es decir, sus escudos. Para que en otra ocasión, tuvieran cuidado con lo que pedían. Pero bueno, el caso es que el nombre de la chica quedó para la posteridad, ya que se nombró como "La Roca Tarpeya" a un promontorio del Monte Capitolino desde el que se despeñaba a los condenados a muerte en Roma. Se les despeñaba civilizadamente, claro, que eran romanos.

               Las cosas se pusieron feas, los ejércitos se desbandaban, los héroes morían... y las Sabinas tuvieron que intervenir para salvar a sus maridos. La intervención de las mujeres permitió a unos y otros poner fin a la guerra, ya que con esto, las sabinas aceptaban su situación de mujeres romanas, poniendo fin a las reclamaciones de sus parientes, y de hecho, llegó un momento de gran hermandad, pues romanos y sabinos decidieron unirse en un sólo pueblo, trasladándose muchos sabinos a Roma y poniéndose bajo el gobierno de una diarquía formada por dos reyes: Rómulo por parte de los romanos y Tacio por parte de los sabinos. Cada uno de ellos tenía su senado, y bueno, parece que funcionaron bastante bien. Duplicaron el ejército, la caballería... Pero en un tiempo todo se torcería, aunque realmente no parece que Rómulo y Tacio llegaran a llevarse mal nunca. Por algún motivo, unos parientes de Tacio asaltaron y mataron a unos mensajeros que venían de Laurentum. Los Laurentianos pidieron justicia a Rómulo, pero este se lavó las manos, diciendo que Tacio le impedía actuar, así que  un grupo de laurentianos emboscaron a Tacio y lo mataron en Lavinium. En Laurentia se hicieron un poco de caca pensando en la venganza romana, así que entregaron a los asesinos a Rómulo, pero este dijo que podían volver a casa, que quítame allá esas pajas, y que total, lo comido por lo servido, que la muerte de Tacio era el precio por la muerte de los mensajeros. Total, que estaba mejor solo que acompañado.

               Tanto el tiempo de la diarquía como los años siguientes estarían marcados por conflictos con otras ciudades cercanas, como Cameria. En resumen, y al margen de lo que la mitología nos cuente de la creación de Roma, con o sin Rómulo y Remo, con Sabinas o sin ellas, lo que tenemos es una población surgente, la de Roma, con enfrentamientos entre otros pueblos latinos vecinos, alianzas, traiciones, y todo lo que cabe esperar en una situación como esta. El caso es que hacia el año 737 a.C más o menos, Roma se había convertido ya en la ciudad más importante del Lacio... lo suficientemente importantes como para atraer la atención de sus vecinos del norte, los Etruscos.

martes, 23 de abril de 2019

EL NACIMIENTO DE ROMA (I)


               Hace unos 2800 años, el centro de Italia estaba ocupado por varios grupos tribales que se distribuían por lo que se llamamos "El Lacio". Estos pueblos se encontraban en la Edad del Hierro, y su mayor influencia era la cultura Etrusca, con la que lindaba al norte, y que incluía ciudades como Veyes, Volci, Tarquinia o Perusia. Y estos pueblos latinos comenzaron a reunirse en torno a una de sus poblaciones, que comenzó a extenderse a través de varias colinas situadas cerca del río Tíber...

               Vaya coñazo, ¿no? Vamos a darle caña a esto.

               ¡¡¡Guerra!!! ¡¡¡Destrucción!!!¡¡¡Masacre y Aniquilación!!! Después de diez años de guerra con los troyanos, Ulises ha conseguido burlar las defensas griegas, meter a un caballo de madera dentro y colarse con unos amiguetes, han abierto las puertas y Agamenón, Menelao y su cuchipandi están montando una fiesta de Latin Kings albanokosovares en la ciudad. Se han cargado a Héctor, se han cargado a Príamo, se han cargado a Paris, han apresado a Hécuba, a Casandra y a Andrómaca. Hasta han tirado por un balcón a Astiánax, que era sólo un bebé. Han sido diez años de guerra, y los griegos están dispuestos a no dejar piedra sobre piedra. Pero... espera... ¿qué es eso? ¡Oh, divino Apolo, bendita Venus! ¡¡¡Que se les escapan los troyanos!!!

Puro barroco en esta pintura que muestra a Eneas escapando de Troya, llevando en brazos a su anciano padre Anquises. Aquí está el origen de toda la historia mítica de Roma. 

               Y es que según la historia tradicional de Roma, el origen de la ciudad hay que buscarlo precisamente en la caída de esta otra ciudad, la mítica Troya, ya que mientras los griegos destruían la ciudad, uno de los troyanos, Eneas, conseguía escapar de la ciudad en compañía de su padre, el anciano Anquises, su hijo Ascanio (o Iulo, y ya veremos más adelante por qué es importante este nombre), y así como el que no quiere la cosa, se dejó atrás a su mujer, Creúsa. Y es que un olvido lo tiene cualquiera. Y es que al parecer, con estas cosas que pasaban en la Grecia mítica, Eneas llevaba la sangre de la misma Venus, ya que su padre había tenido un revolcón mitológico con la diosa de la belleza, y esta les avisó de lo que se les venía encima. Sin embargo, otra diosa, Juno, se la tenía jurada a los troyanos desde que Paris le entregara años atrás la manzana dorada etiquetada como "Para la más bella" a Venus y no a ella, que era el equivalente griego a dejar de seguirla en Facebook, así que Juno se dedicó a putearles durante siete años, haciéndoles dar carambolas por el Mediterráneo. Anquises se les murió por el camino, pero tendría un encuentro post mórtem con Eneas, que bajaría a verle al Averno, acompañado por la Sibila de Cumas, donde el espectro del anciano le mostró a su hijo la gloria de su descendencia: Roma.

               Además, en ese crucero por el Mediterráneo de Viajes Juno, una de las paradas de Eneas fue la ciudad de Cartago, gobernada por la reina Dido. Parémonos un momento aquí, que la historia de esta reina tiene su aquel. Cartago había sido fundada unos doscientos años antes por los fenicios, el pueblo con más poder comercial del Mediterráneo en aquellos tiempos, grandes marineros que extendieron sus puestos comerciales incluso más allá de Gibraltar. Su nombre en el idioma de los fenicios era Qart Hadast, o sea, Ciudad Nueva (no fueron muy originales), y su fundadora había sido ni más ni menos... ¡que la propia Dido! Y es que esta mujer, a la que también llamaban Elisa de Tiro, había llegado a las costas de África, en la actual Túnez, tierra ocupada por un pueblo que recibía el nombre de gétulos y cuyo rey, Jarbas, quiso tomarle el pelo a Dido, que le había pedido hospitalidad. Jarbas quería hacerse el graciosete delante de sus amigos, y le dio a Dido una piel de buey, diciéndole que le entregaría tanta tierra de su reino como ella fuera capaz de cubrir con esa piel. Pero Jarbas no había contado con el girl power y con que los fenicios eran listos como... bueno, pues eso, como fenicios, y Dido le hizo todo un jackass, cortando la piel de buey en tiras muy finas y utilizándolas para abarcar una colina de espaldas al mar, sobre la que la reina construiría la fortaleza de Bilsa, y ese sería el corazón de la futura Cartago.

Dido y Eneas hablando de sus cosas en Cartago, según el pintor romántico francés Pierre-Narcisse Guérin. 


               Total, que unos cien años después, ahí seguía Dido, y cuando Eneas llegó, como los dioses eran muy aficionados a las bromas, Cupido hizo que se enamorara locamente de Eneas, que al principio le hizo carantoñas, pero que cuando vio el DNI de Dido y la fecha de nacimiento, le largó un "contigo no, bicho", se acordó de que tenía un mandato divino para construir una ciudad, y se largó con viento fresco para Italia. Dido no lo pudo soportar y se clavó un cuchillo en el vientre, suicidándose (se le había olvidado el girl power y la inteligencia fenicia), y de la muerte de la reina vendría el futuro odio entre cartagineses y romanos. Total, que Eneas llegó con sus troyanos hasta el Lacio, donde se asentó finalmente y contrajo matrimonio con Lavinia, la hija del rey de los Latinos, que tenía el original nombre de Latino. Esto puso a Juno de mala leche, y envió a las Furias, que eran tres mujeres muy majas con látigos hechos de escorpiones, para que volvieran loco a Turno, el rey de los rútulos, otra tribu de la zona, pero finalmente Eneas mató a Turno.

            Evidentemente esto es una descripción mítica, pero mola. Probablemente los enfrentamientos entre latinos y rútulos tuvieran lugar, como con muchas otras tribus de la zona, pero todo el viaje de Eneas es una obra del poeta Ovidio, que escribiría la Eneida durante el gobierno del emperador Octavio Augusto, en el siglo I a.C, como un trabajo propagandístico en el que el Emperador glorificaba a Roma y a su propia dinastía, la Julia... ¿os acordáis de que dije que Ascanio también era conocido como Iulo? Pues de ahí viene Julio, y los Julios eran la familia de Octavio Augusto, así que Venus era algo así como su retatarabuela.

               Nos hemos ido muy atrás en el tiempo, a la guerra de Troya y a Eneas, y muy delante de nuestro objetivo, que es la fundación de Roma, y nos hemos ido al Imperio. Pero no hemos terminado con la historia de la fundación de Roma, y es que esta parte, la de Ovidio y la Eneida es un añadido posterior, y se nota muchísimo que los romanos ya se habían comido a todos los pueblos del Mediterráneo, incluyendo a los griegos, que eran mucho más imaginativos para las historias de este calibre. Los romanos eran más sobrios, más... serios, mucho más adustos y torvos. Y así eran también sus historias: sobrias, serias, adustas, torvas. Veréis.

Rubens representa así a Rómulo y Remo, los gemelos que fundarían Roma, rollizos y entraditos en carnes, como le gustaba a Rubens pintar a la gente. 


               En territorio latino se encontraba la ciudad de Alba Longa, cuyo fundador mítico resultaba ser Ascanio (al igual que Eneas y su nueva esposa, Lavinia, habrían fundado su propia ciudad, con el original nombre de Lavinium). De esto habían pasado siglos, claro, y ahora el rey de Alba Longa era Numitor, descendiente de Ascanio. Numitor fue expulsado del poder por su hermano, Amulio, que se cargó a todos los descendientes varones de Numitor y que obligó a su única hija, Rea Silvia, a convertirse en una virgen vestal, que era ponerle un cinturón de castidad sagrado. Y es que las vestales fueron una de las instituciones más importantes de Roma desde sus primeros tiempos, las encargadas de servir a la diosa Vesta y de mantener encendido un fuego sagrado que exigía la castidad. Cosas del fuego. Total, que allí estaba Rea Silvia convertida en monja a la fuerza. Y Marte, el dios de la guerra, que pasaba por allí cerca, vio a Rea Silvia y le dijo "¡Mozaaaa!". Que en latín viste mucho más, pero no los suficiente, así que Rea Silvia le dijo que no, que mejor otro día, pero Marte no entendía mucho de que no es no, y violó a la vestal en un bosque. Si esto fuera la historia de... yo que sé, de Argos, por ejemplo, el dios se hubiera convertido en un enjambre de abejas, que hubiera seducido a Rea Silvia con su melódico zumbido y la hubiera dejado embarazado con su miel, por ejemplo. Pero aquí hay romanos, así que todo serio. Marte a lo suyo, y Rea Silvia quedaría embarazada de gemelos, y nueve meses después nacerían Rómulo y Remo. A Amulio esto le cayó a cuerno quemado, ya que de pronto se encontraba con dos rivales para el trono de Alba Longa, así que ordenó que enterraran viva a Rea Silvia, y que ahogaran en el Tíber a los niños.  El propio dios del río se apiadaría de los gemelos y los llevaría con una loba, Luperca, un animal sagrado consagrado a Marte, que los amamantaría como si fueran Mowgli. Hay otra historia menos animal, y es que los niños quedaron bajo el cuidado de un pastor, Faustulo, y su esposa, Acca Laurentia, que antes de ser pastora, había sido una conocida prostituta, que en latín se dice "lupa", igual que loba, y quizá esa Acca Laurentia fuera la loba que amamantó a Rómulo y Remo.

               La verdad es que da un poco igual, con madrastra loba o pastora, cuando los jóvenes crecieron hicieron lo que cualquier heredero mítico exiliado tiene que hacer, o sea, recuperar su trono. Así que Rómulo y Remo se fueron derechos para Alba Longa, mataron a Amulio y repusieron a Numitor en el trono. Pero en seco. Si esto hubiera sido la historia de Argos, los gemelos hubieran descubierto su ascendencia de chiripa, se hubieran encontrado con una serpiente de doce cabezas por el camino, hubieran matado a Amulio, se hubieran casado cada uno con una hermana que luego hubieran descubierto que eran sobrinas de sus tíos, o sea, sus hermanas, uno se hubiera sacado los ojos, otro se hubiera lanzado al mar, una de ellas hubiera enloquecido y corrido por los bosques entregada a las Bacantes, y la última hubiera sacado los menudillos a los hijos de los cuatro antes de viajar a Delfos a pedir perdón. Pero eso. No son griegos. Así que... llegaron, mataron y coronaron.

EL NACIMIENTO DE ROMA (III)

Y es que... en todo este tiempo, ¿qué ha pasado con los Etruscos? ¿Es que nadie piensa en los Etruscos?                Los etruscos ll...